Sentado en la vía del tren, como Otis Redding en el muelle de la bahía.
Esperando.
Esperando.
Esperando.
Esperando.
Pero no hay olas en este mar de asfalto insalubre. Ni una brisa de viento que empuje las velas de los trenes que no pasan. Que ya no vuelan sobre maderos e hierros. Que ya ni siquiera se arrastran, como se arrastra un crucerista aborregado entre ruinas romanas de cualquier ciudad portuaria. Si acaso resuena un lejano eco de los trenes que pasaron, pero se pierde entre los árboles de las montañas y es cada vez más tenue.
Sentado. Esperando. Mirando al cielo. Que, como leí en un lugar hermoso, vuela sobre nuestras cabezas, observando impasible, sin juicios ni sentencias.
Y qué más da. La espera. La vía. Los trenes. Las olas. El viento. El cielo. Qué mas da.
Si me late el corazón, y tengo aire para respirar. Si tengo manos para construir y pies para no huir. Si tengo ojos para reír y boca para callar.
Si estoy vivo.
Sí, estoy vivo.
jueves, 23 de marzo de 2017
jueves, 16 de marzo de 2017
Todo negro
No se que pasa que lo veo todo negro.
Será que todas las luces están apagadas. Será que la casa duerme arropada por la madrugada. Será que hasta las farolas de la calle hoy están agotadas de iluminar. Y todo está oscuro.
"Hello darkness, my old friend", pienso.
Y siento que esa oscuridad, fría, áspera, cruel, me invade.
Pero esta noche se lo permito. Esta noche no quiero luchar, estoy cansado de ponerle barreras. Estoy cansado de sentirla como un ente ajeno al que tengo que expulsar. Hoy no.
Hoy, esta noche, la dejo pasar. La quiero hacer mía. Es mi oscuridad. Mi negrura. Mi dolor. Mi llanto. Soy yo.
Le doy la bienvenida. La dejo bajar por mi garganta, cortándome la voz, ahogando un grito. La dejo invadir mis pulmones impidiéndome respirar. La dejo abrazar mis tripas, sintiendo como las encoje, las pellizca y las revuelve. La dejo transpirar hasta mi piel, erizando mi vello y helando mi sudor. La dejo invadir mi mirada para cegar lo poco que veía en la oscuridad.
Y me dejo llevar, flotando en la negrura, sin sentir ya ni las sábanas que me arropaban ni el colchón que me acogía. Sólo yo con mi oscuridad siendo uno.
Hasta quedarme dormido, sin saber si por la mañana seguiré siendo yo o solo quedará esa oscuridad.
Será que todas las luces están apagadas. Será que la casa duerme arropada por la madrugada. Será que hasta las farolas de la calle hoy están agotadas de iluminar. Y todo está oscuro.
"Hello darkness, my old friend", pienso.
Y siento que esa oscuridad, fría, áspera, cruel, me invade.
Pero esta noche se lo permito. Esta noche no quiero luchar, estoy cansado de ponerle barreras. Estoy cansado de sentirla como un ente ajeno al que tengo que expulsar. Hoy no.
Hoy, esta noche, la dejo pasar. La quiero hacer mía. Es mi oscuridad. Mi negrura. Mi dolor. Mi llanto. Soy yo.
Le doy la bienvenida. La dejo bajar por mi garganta, cortándome la voz, ahogando un grito. La dejo invadir mis pulmones impidiéndome respirar. La dejo abrazar mis tripas, sintiendo como las encoje, las pellizca y las revuelve. La dejo transpirar hasta mi piel, erizando mi vello y helando mi sudor. La dejo invadir mi mirada para cegar lo poco que veía en la oscuridad.
Y me dejo llevar, flotando en la negrura, sin sentir ya ni las sábanas que me arropaban ni el colchón que me acogía. Sólo yo con mi oscuridad siendo uno.
Hasta quedarme dormido, sin saber si por la mañana seguiré siendo yo o solo quedará esa oscuridad.
lunes, 2 de enero de 2017
Ghost of you
¿Qué es un fantasma? - Dr. Casares (El espinazo del diablo)
Hace poco me visitó el fantasma de tu recuerdo.
No es nada nuevo, viene a verme de vez en cuando. Normalmente da algún aviso de su llegada: alguna cortina se mueve en mi memoria o un leve ruido de cadenas sube desde las catacumbas de mi pensamiento. Y normalmente no le doy más importancia. Sé que, si simplemente ignoro su ruido, se acabará cansando y desvaneciendo otra vez.
Pero esta vez no. Esta vez atacó a traición.
Estaba escondido detrás de una canción inesperada. Una de esas canciones que intercambiábamos cuando tú y yo aún éramos tú y yo. Aquella que nos prometía abrazos en silencio cuando no hubiera palabras que calmaran nuestra inquietud. Esa que hicimos realidad aquella mañana tan llena del azul de tus ojos que desde entonces soy incapaz de saber de qué color es el cielo.
Y así, de repente, me asusté. Como solo puede asustarme un fantasma. Y con el estómago encogido y el pulso tembloroso, me volví a ver intentando arrancar la lápida bajo la que guardé tus recuerdos el día que decidiste marcharte, sin un porqué, sin una despedida, para no volver a saber de ti. Me vi destrozando mis manos desnudas cavando en el cementerio de los recuerdos perdidos, intentando recuperar algo de ti que me explique lo que pasó.
Pero es inútil. Porque todo este tiempo de silencio habla por si solo. Y me dice que, para ti, mi recuerdo es, quizá, solo un instante de dolor. Algo muerto que parece por momentos vivo aún. Un sentimiento suspendido en el tiempo, como una fotografía borrosa. Como un insecto atrapado en ámbar.
Que, para ti, mi recuerdo es solo eso. Un fantasma.
domingo, 16 de octubre de 2016
No lo se
Es difícil de explicar.
Esa sensación de que el suelo se resquebraja a tu paso. De que todo lo que creías seguro, hacia lo que caminabas con paso tan firme, ya no está delante de ti. De que el destino que te aguardaba a la vuelta de la esquina ahora está en un horizonte muy lejano y que se difumina.
Esa sensación de vértigo. De mareo. De agotamiento. De que tu cabeza no está del todo en su sitio y mantienes la verticalidad y el paso por mera costumbre. Por cabezonería. Porque simplemente no sabes hacer otra cosa después de tanto tiempo. Simplemente seguir andando hacia no sabes muy bien donde. Porque aunque creías que lo sabías, ya no lo sabes. Porque lo que creías que estaba ahí, resulta que no está ahí.
Esa sensación de desasosiego. De no saber nunca si tendrás una respuesta. De no saber nunca qué respuesta va a ser. De no saber si quieres que suene el teléfono o no. De no saber si prefieres que el tono de llamada siga sonando hasta agotar el tiempo, o de si prefieres una respuesta que no te va a gustar.
Esa sensación de haberse sabido amo del mundo. De haber sido dueño de tu destino. De haber estado a punto de tocar una estrella con los dedos. De encontrarte de repente con que apenas has levantado los pies del suelo y la estrella sigue estando igual de lejos que hace dos años. Igual de lejos que cuando te pedía que no intentaras tocarla.
Esa sensación.
Es difícil de explicar.
Esa sensación de que el suelo se resquebraja a tu paso. De que todo lo que creías seguro, hacia lo que caminabas con paso tan firme, ya no está delante de ti. De que el destino que te aguardaba a la vuelta de la esquina ahora está en un horizonte muy lejano y que se difumina.
Esa sensación de vértigo. De mareo. De agotamiento. De que tu cabeza no está del todo en su sitio y mantienes la verticalidad y el paso por mera costumbre. Por cabezonería. Porque simplemente no sabes hacer otra cosa después de tanto tiempo. Simplemente seguir andando hacia no sabes muy bien donde. Porque aunque creías que lo sabías, ya no lo sabes. Porque lo que creías que estaba ahí, resulta que no está ahí.
Esa sensación de desasosiego. De no saber nunca si tendrás una respuesta. De no saber nunca qué respuesta va a ser. De no saber si quieres que suene el teléfono o no. De no saber si prefieres que el tono de llamada siga sonando hasta agotar el tiempo, o de si prefieres una respuesta que no te va a gustar.
Esa sensación de haberse sabido amo del mundo. De haber sido dueño de tu destino. De haber estado a punto de tocar una estrella con los dedos. De encontrarte de repente con que apenas has levantado los pies del suelo y la estrella sigue estando igual de lejos que hace dos años. Igual de lejos que cuando te pedía que no intentaras tocarla.
Esa sensación.
Es difícil de explicar.
martes, 11 de octubre de 2016
sábado, 2 de julio de 2016
viernes, 24 de junio de 2016
Algunas personas solo quieren ver el mundo arder
Esta es la noche del fuego.
Y solo quiero que todo arda.
Que las llamas consuman la ciudad. Que los edificios caigan hasta la última piedra, consumidos por el calor. Que un humo oculte el cielo, la luna y las estrellas y solo haya oscuridad.
Que todo el mundo huya despavorido, sin tener a donde ir, hasta que acaben reducidos a las cenizas de donde salieron.
Que el calor me asfixie, me sofoque, hasta que no quede tampoco nada de mi mismo. Y formar parte de esas cenizas. Sin esperanza. Sin ira. Sin dolor.
Y cuando el fuego se haya consumido, que el viento y la marea limpien todo lo que fui. Todo lo que soy. Todo lo que seré.
Y entonces solo quedará el mar y el cielo. Y la luna y las estrellas.
Y ya no habrá más oscuridad.
Y solo quiero que todo arda.
Que las llamas consuman la ciudad. Que los edificios caigan hasta la última piedra, consumidos por el calor. Que un humo oculte el cielo, la luna y las estrellas y solo haya oscuridad.
Que todo el mundo huya despavorido, sin tener a donde ir, hasta que acaben reducidos a las cenizas de donde salieron.
Que el calor me asfixie, me sofoque, hasta que no quede tampoco nada de mi mismo. Y formar parte de esas cenizas. Sin esperanza. Sin ira. Sin dolor.
Y cuando el fuego se haya consumido, que el viento y la marea limpien todo lo que fui. Todo lo que soy. Todo lo que seré.
Y entonces solo quedará el mar y el cielo. Y la luna y las estrellas.
Y ya no habrá más oscuridad.
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